“Nunca dejé de orar”, dice pastor liberado de la cárcel en Corea del Norte

Recientemente liberado de una prisión de Corea del Norte, Hyeon Soo Lim dijo que en el período que estuvo detenido sentía a Dios aún más cerca.

 

ONTARIO, CANADÁ.– El pastor Hyeon Soo Lim participó de un culto el domingo pasado por la mañana en la Iglesia Presbiteriana de la Luz, en Mississauga, Ontario (Canadá), apenas un día después de llegar al país.

El líder cristiano fue liberado de una prisión norcoreana el pasado miércoles de la semana pasada, después de pasar más de dos años siendo sometido a trabajos forzados. La pena del pastor era de cadena perpetua, pero acabó siendo absuelto de las acusaciones.

“Estoy feliz”, dijo Lim con una sonrisa, acompañando la reacción de los fieles eufóricos de su iglesia y una gran cantidad de periodistas que lo aguardaban a la puerta en la iglesia, que él mismo fundó.

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Acusado de conspirar para derribar el régimen dominante de Corea del Norte, Lim fue condenado a cadena perpetua en 2015. El pastor había viajado a Corea del Norte más de cien veces para actuar en programas humanitarios. Su liberación ocurrió después de que una delegación canadiense viajó a Pyongyang a principios de la semana pasada para negociar su liberación. Lim, que fue liberado el miércoles, llegó a Canadá el sábado.

“Estoy tan agradecido de que Dios me permitió estar con todos ustedes aquí hoy”, dijo Lim a su congregación en coreano. Lim agradeció al primer ministro de Canadá y su equipo por ayudar a garantizar su liberación, así como a aquellos que oraron por él.

“Todavía es como un sueño”, dijo sobre su libertad. “Verdaderamente, eso es todo por la gracia de Dios”. En su discurso, Lim habló de “días de soledad irresistible”. “Era difícil ver cuándo y cómo la prueba terminaría completamente”, dijo. “Pero ese aislamiento también me dio la oportunidad de pasar un largo período a solas con Dios”.

Forzado a trabajar en un campo de trabajos pesados, Lim describió cómo era desgastante tener que cavar agujeros en la tierra congelada. “Mi parte superior del cuerpo sudaba, pero mis dedos de las manos y de los pies se estaban congelando”, dijo.

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En la primavera y el verano, él dijo que trabajaba ocho horas al día, pero el peso de las actividades y las condiciones precarias en que vivía lo llevaron a ser hospitalizado cuatro veces. A pesar de las dificultades él encontró descanso en la lectura, sobre todo en la Palabra de Dios.

“Adoré a Dios solo por 130 domingos”, dijo. “Incluso durante los trabajos forzados, no dejé de orar”. Lim también dijo que fue su fe que le permitió superar su desesperación y el trato violento que recibió en Corea del Norte.

“Aprendí a aceptar completamente todo esto como una forma de amor y disciplina de Dios para fortalecerme”, dijo. “Por el tiempo perfecto y soberano de Dios, fui liberado, volví a casa y estoy aquí con ustedes hoy.

Gentileza Noticias Cristianas

 

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